Este blog no tiene actualizaciones, y se lee hacia atrás, solo es una recopilación de distintas publicaciones de otros blog expertos en estos temas... las publicaciones no son mías... Y me atrevo a publicarlas para que conozcas la Bimilenaria tradición de la Iglesia.

jueves, 28 de abril de 2011

Lienart vs Ottaviani

Avanzar hasta el minuto 3:36


Cardenal LIENART: Los Obispos participan de dicha infalibilidad, no al lado del Papa sino en unión con él, por que él es parte del Colegio, el Concilio es infalible y esta formado por la unión de los Obispos con el Papa

Cardenal OTTAVIANI: Él (Papa) recibe única e individualmente el mandato de Nuestro Señor para ser la base, los cimientos de la Iglesia y para ser el Pastor Universal.





El Doble error de la Colegialidad

El primer tema que el Arzobispo Marcel Lefebvre trato en el aula fue el de la supuesta naturaleza colegial del episcopado, afirmada en el nuevo esquema sobre la Iglesia (cap. 2 n 16 y 17).

En dos intervenciones orales, de octubre y noviembre de 1963, Monseñor Lefebvre hizo, no un proceso de intención, sino, como podría decirse, un proceso de tendencia al esquema. Sin analizar la letra del texto en profundidad, discernió sus tendencias nefastas y sus aplicaciones peligrosas:
"Este texto -dijo en octubre- pretende que los miembros del colegio de los Obispos poseen un derecho de gobierno, ya sea con el Sumo Pontífice sobre la Iglesia universal, ya con los demás Obispos sobre las distintas diócesis"

De esta forma, el Papa debería compartir su autoridad universal con un colegio permanente, y los Obispos deberían compartir con las asambleas nacionales su propio poder de pastores propios e inmediatos de su rebano.

El Arzobispo hizo la misma denuncia en una entrevista que concedió el 15 de octubre al Divine Word News Service del Padre Wiltgen:
"Se establecería entonces en la Iglesia -declaro-, una especie de colectivismo, (...) y los Obispos perderían toda iniciativa en el gobierno de sus diócesis"

Su experiencia como Delegado Apostólico, y sus recientes contratiempos con la Asamblea de Cardenales y Arzobispos de Francia, le habían mostrado el peligro que representarían las poderosas Conferencias Episcopales para la responsabilidad pastoral de cada Obispo.

El 6 de noviembre de 1963, dando muestras de fina ironía, el Obispo de Synnada utilizo el argumento de la historia contra el principio de la Colegialidad jurídica:
"Si en este Concilio se lo descubre como por milagro, (...) hay que afirmar lógicamente, como casi lo ha hecho ya un Padre, que la Iglesia romana se engaño al ignorar el principio fundamental de su divina constitución"

Por ultimo, el 2 de octubre de 1965, durante los debates sobre la actividad misionera de la Iglesia, precisó que si bien Pio XII invocó en Fidei donum la "responsabilidad solidaria" de los Obispos en el celo misionero universal de la Iglesia, fue solo como una solicitud moral en virtud de la caridad, y no como un derecho de justicia:
"Según el derecho, los Obispos se deben a sus diócesis, a su rebano particular; después, según la caridad, deben su solicitud a todas las almas"


Estas precisiones, muy oportunas, confirmaban la conveniencia de la Nota explicativa previa que hizo añadir Pablo VI a la constitución sobre la Iglesia.

La Nota Explicativa (sobre la Lumen Gentium)

Algunos observadores han alertado sobre el surgimiento de una tendencia conciliarista dentro del ala más radical del sector mayoritario de los Padres del Concilio Vaticano II. La Nota Explicativa Previa que el Papa Pablo VI mandó incorporar a la constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium tuvo -entre otras- la virtud de reafirmar la doctrina católica sobre el primado del Papa, impidiendo toda interpretación conciliarista de las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre la colegialidad episcopal, uno de sus principales desarrollos doctrinales.


Desde la apertura de la tercera sesión, el 15 de septiembre de 1964, Monsenor STAFFA pidió la palabra en nombre de setenta Padres, pero se la negaron. El Coetus se tuvo que conformar con proponer enmiendas al capitulo del esquema "Sobre la Iglesia" que trataba de la colegialidad.

Del 21 al 29 de septiembre el texto fue sometido a votación párrafo por párrafo: el voto general ascendió a 572 placet juxta modum, que expresaba un "si" condicional: con la condición de que se introdujeran tales y cuales enmiendas

Así pues, la Comisión de teología se puso a examinar los modi. Sin embargo, antes de que el trabajo estuviera terminado, el Coetus se entero de que habían descartado sus modi, mientras que se habían aceptado otros, menos importantes.

Monseñor Staffa no se conformó con esa manera de obrar y escribió a Pablo VI, denunciando las injusticias de procedimiento que pretendían imponer silencio a la teología romana en provecho de una  "forma extrema" de la tesis colegial. El texto de esa carta fue enviado a doce Padres activos del Coetus.

Esta gestión, denominada "operación Staffa", fue eficaz, pues Pablo VI transmitió la carta a la Comisión Teológica y dio ordenes de que se iniciara una investigación sobre las violaciones de las reglas de procedimiento.

Mientras tanto, en la víspera de la apertura de la tercera sesión, 35 Cardenales y cinco Superiores Generales, movilizados gracias al activo Cardenal LARRAONA, habían dirigido a Pablo VI una "nota privada" con fecha del 18 de octubre, en la que manifestaban sus "aprensiones" por la novedad de la doctrina patrocinada por el Papa Montini:

"El esquema cambia el rostro de la Iglesia; en efecto:

--La Iglesia, de monárquica, se vuelve episcopal y colegial, y esto por derecho divino y en virtud de la consagración episcopal;

--El primado queda rebajado y despojado de su contenido (...), ya que solo sirve para mantener la jerarquía unida e indivisa;

--La jerarquía de jurisdicción, en cuanto se distingue de la jerarquía de orden (...) queda socavada y destruida"

Denunciando luego a "los grupos de presión, los expertos audaces y la difusión de la prensa que dificultan la discusión serena, obstaculizan e impiden la verdadera libertad", los infrascritos pedían para el Concilio una pausa de reflexión y "un periodo de maduración de la nueva doctrina"

Pablo VI lo percibió como un ataque personal y respondió al Cardenal LARRAONA por medio de una carta manuscrita llena de sarcasmo, en la que pedía
"que imaginaran que fuente de consecuencias nocivas seria una actitud (si careciera de razones verdaderas y probadas) tan contraria a la mayoría del episcopado y tan perjudicial para el éxito del Concilio"

Pablo VI no quiso ver el peligro del equívoco del esquema…
…hasta que un Padre liberal cometió el error providencial de poner por escrito la interpretación extrema, afirmando que el texto seria comprendido de esa forma después del Concilio.

 El Papa, al verse burlado y engañado, se desmoronó y lloró. Luego le pidió al Cardenal OTTAVIANI que volviera a precisar algunos párrafos del texto, e hizo preparar una "Nota explicativa previa" que indicaba como se debía interpretar el texto.

La Nota explicativa praevia fue presentada a los Padres el 14 de noviembre de 1964, y como era de esperarse fue ásperamente criticada por los Padres liberales.

Para poner fin a las discusiones, Monsenor Pericle Felici, Secretario General del Concilio, hizo varios anuncios el 16 de noviembre, primer día de la semana que los liberales llamaron "semana negra"; entre otros, que la doctrina del esquema sobre la colegialidad debía interpretarse "según el sentido y el tenor de dicha Nota"


La acción del Coetus había salvado al primado del Romano Pontífice de un peligro mortal.

La Nota fijaba la interpretación del texto conciliar (que adoptaba la tesis liberal moderada) en un sentido limitado.

Esta Nota formaría parte integral de la constitución Lumen Gentium, poniendo a la vez de manifiesto la debilidad intrínseca de un texto que, sin ella, seria equívoco.

miércoles, 27 de abril de 2011

Por el honor de la Santísima Virgen María

Al principio, el esquema sobre la Santísima Virgen María era un texto independiente, que daba a María, entre otros títulos, el de Mediadora de todas las Gracias. En una sesión de la Comisión preparatoria, el Cardenal LIENART se opuso a ese titulo, que no obstante fue conservado.


Durante el intermedio de sesión de 1963 el teólogo Karl RAHNER, seguido por sus colegas GRILLMEIER, SEMMELROTH y RATZINGER(si, ese mero), estimo que de ese texto "se seguiría un mal incalculable desde el punto de vista ecuménico"; y desde la apertura de la segunda sesión propusieron reducir el esquema mariano a un simple capitulo del esquema sobre la Iglesia. El pretexto dado era "los excesos de piedad mariana".

Por eso, el 27 de octubre, Monseñor GROTTI, servita y miembro del pre-Coetus, hizo distribuir una refutación de esos argumentos: "El ecumenismo -preguntaba-, ¿Consiste en confesar la verdad o en ocultarla?" Y desarrollando un argumento afirmaba:
"Ocultar la verdad nos perjudica, porque parecemos hipócritas; también perjudica a los que viven separados de nosotros, porque los hace parecer débiles y capaces de ofenderse por la verdad"

Por desgracia, la votación del 29 de octubre de 1963, por 1114 votos contra 1097, otorgo la victoria (mínima, a decir verdad) a los timoratos y a los ecumenistas.

Durante el verano de 1964 el Coetus solicito, en su petición a Pablo VI, que María fuera proclamada Madre de la Iglesia…
"porque, por su caridad materna, Ella quiere todo el bien que quiere su Hijo para su Cuerpo Místico, que es la Iglesia, engendrando así a la Iglesia de principio a fin, y porque la propia Santísima Virgen María, por esa misma caridad, intercede realmente sin cesar por la Iglesia universal o por cada fiel, e incluso por todos los hombres a los que Dios quiere salvar"

Ahora bien, no solo se desprecio esta hermosa teología, sino que, para indignación del Coetus, el texto propuesto para la tercera sesión había suprimido el titulo de "Madre de la Iglesia", pese a los deseos expresos del propio Pablo VI al termino de la sesión precedente. Por eso, Monseñor Gastan LACOMA, miembro del Coetus, reclamo en nombre de ochenta Padres que se volviera a poner ese titulo.

La Comisión de Teología, a pesar de las protestas y de los votos, no lo volvió a poner.

Fue necesario que Pablo VI, el último día de la sesión, 21 de noviembre de 1964, pasando por alto a la oposición, anunciara de propia voluntad que la Santísima Virgen María seria invocada con el titulo de "Mater Ecclesiae".


Aplaudiendo con la mayoría de los Padres este triunfo de un privilegio mariano, el Coetus vio también en el una nueva y oportuna afirmación del primado papal independiente del Concilio.

¿La Iglesia de Cristo ya no es la Iglesia Catolica?

Un debate central que abordo el Concilio fue el de la definición o propia identidad de la Iglesia Católica.

El esquema sobre la Iglesia, enviado a los Padres en 1963, que reemplazaba al texto de la Comisión Preparatoria desechado en noviembre de 1962 en la primera sesión, seguía afirmando que la única Iglesia, a la que los símbolos de fe llaman "una, santa, católica y apostólica", "es la Iglesia Católica, constituida y ordenada como sociedad en este mundo"

Ahora bien, en julio de 1964, el texto comunicado a los Padres provoco una ola de reacciones: la Iglesia de Cristo, se decía en el, "subsiste en la Iglesia Católica". Se había reemplazado el "est" de identidad por un "subsistit" de manera que la Iglesia de Cristo estaba simplemente presente, o permanente, o plenamente constituida, en la Iglesia Católica. Esta sustitución de palabras fue sugerida por el pastor protestante Schmidt al teólogo del Cardenal Frings, el Padre Ratzinger.

La Comisión Doctrinal explicó:
"Se emplea subsistit in en el lugar de est para que la expresión concuerde mejor con la afirmación de elementos eclesiales que se encuentran fuera de ella"

Al principio de la tercera sesión, monseñor Carli tuvo la reacción más contundente:
"La palabras subsistit in -dijo- no son aceptables, porque podría creerse que la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica son dos cosas distintas, que la primera habita en la segunda como en un sujeto. Que se diga est, simplemente y con mayor verdad, porque eso es lo que dicen las fuentes"
Es decir, los documentos del magisterio, incluso reciente, a los que el texto hacia referencia sin serles fiel, como la enciclica Mystici Corporis de Pio XII, que identifica claramente la Iglesia de Cristo con la Iglesia Católica (n 13), al igual que la enciclica Humani Generis (Dz 2319)

Dejando de lado esta enseñanza tradicional, el Concilio hacia de la Iglesia una nebulosa sin contornos precisos, compuesta por un núcleo firme, la Iglesia Católica, al rededor de la cual gravitaban, en círculos concéntricos, "realidades eclesiales: verdaderas Iglesias locales y diversas comunidades eclesiales" que, sin tener subsistencia singular como la Iglesia Católica, tenían contradictoriamente una existencia eclesial.

A este error se opuso el Arzobispo de Synnada en el debate sobre el ecumenismo, en noviembre de 1963. El esquema se atrevía a afirmar que "esas Iglesias y comunidades separadas no están, en absoluto, desprovistas de significado en el misterio de la Salvación. En efecto, el Espíritu de Cristo no se niega a servirse de ellas como de medios de salvación"

La refutación cabía en unas cuantas líneas brillantes, depositadas en el Secretariado del Concilio:
"Una comunidad, en cuanto comunidad separada, no puede gozar de la asistencia del Espíritu Santo, ya que su separación es una resistencia al Espíritu Santo. Este no puede actuar mas que directamente sobre las almas o usar medios que, de suyo, no comporten ningún signo de separación"


viernes, 1 de abril de 2011

Unitatis Redintegratio – Decreto sobre el Ecumenismo

Unitatis Redintegratio – Decreto del Vaticano II sobre el Ecumenismo

El documento del Vaticano II, Unitatis Redintegratio # 1:
 “Casi todos, sin embargo, aunque de modo diverso, suspiran por una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, para que el mundo se convierta al Evangelio y se salve para gloria de Dios.”

En el comienzo de su decreto sobre el ecumenismo, el Vaticano II enseña que casi todos suspiran por una verdadera Iglesia universal, cuya misión es convertir al mundo al Evangelio.  ¿Cuál es la verdadera Iglesia universal, cuya misión es convertir el mundo al Evangelio?  Es la Iglesia Católica, por supuesto, que sola es la única verdadera Iglesia de Cristo.  Entonces, ¿qué está enseñando el Vaticano II?  ¿Por qué el Vaticano II enseña que casi todo el mundo suspira por la verdadera Iglesia universal de Cristo, cuando ya la tenemos?  La respuesta es que el Vaticano enseña que los pueblos deben anhelar por la verdadera Iglesia Católica porque ¡él enseña que ella todavía no existe!  Para quienes dudan que aquí el Vaticano II niega que la Iglesia Católica existe, citamos la propia interpretación de Juan Pablo II sobre este pasaje.

Juan Pablo II, Homilía, 3 de diciembre de 1996, hablando de la oración con los no-católicos: “Cuando oramos juntos, lo hacemos con el deseo de que «pueda haber una Iglesia visible de Dios, una Iglesia verdaderamente universal y enviada para que todo el mundo se convierta al Evangelio y así se salve, para gloria de Dios» (Unitatis redintegratio, 1)".

Aquí vemos que el mismo Juan Pablo II confirma que el anhelo por una única Iglesia visible de Cristo es un anhelo de ambas partes
católicos y no-católicos, lo que significa que en su decreto sobre el ecumenismo (que Juan Pablo II cita), el Vaticano II, de hecho, estaba anhelando por una única Iglesia de Cristo universal.  Por lo tanto, el Vaticano II niega que la Iglesia Católica sea la única Iglesia universal de Cristo.

Unitatis redintegratio también afirma que todos los bautizados que se profesan «cristianos» están en comunión con la Iglesia y tienen derecho al nombre de cristianos, mientras que no menciona nada acerca de la necesidad de que ellos se conviertan a la fe católica para la salvación.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio #3:
“Puesto que quienes creen en Cristo y recibieron el bautismo debidamente, quedan constituidos en alguna comunión, aunque no sea perfecta, con la Iglesia católica.  Efectivamente, por causa de las varias discrepancias existentes entre ellos y la Iglesia católica, ya en cuanto a la doctrina, y a veces también en cuanto a la disciplina, ya en lo relativo a la estructura de la Iglesia, se interponen a la plena comunión eclesiástica no pocos obstáculos, a veces muy graves, que el movimiento ecumenista trata de superar.  Sin embargo, justificados por la fe en el bautismo, quedan incorporados a Cristo y, por tanto, reciben el nombre de cristianos con todo derecho y justamente son reconocidos como hermanos en el Señor por los hijos de la Iglesia católica.”

Advierta que el Vaticano II enseña que las sectas protestantes y cismáticas están en comunión con la Iglesia Católica (si bien que de manera imperfecta) y son hermanos de la misma Iglesia con derecho al nombre de cristianos.  La Iglesia Católica, en cambio, enseña que ellos están fuera de la comunión de la Iglesia y ajenos a sus fieles.  Esta enseñanza, el Vaticano II la contradice directamente.

Leon XIII
--Papa León XIII, Satis Cognitum (# 9), 29 de junio de 1896: “Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comunión católica y fuera de la Iglesia a cualquiera que se separe en lo más mínimo de la doctrina enseñada por el magisterio auténtico.”

La siguiente cita es de un artículo que apareció en una publicación que es ampliamente leída y aprobada por la secta del Vaticano II, St. Anthony Messenger [El Mensajero de San Antonio].  Podemos ver cómo ésta aprobada publicación entiende el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II.

Renee M. Lareau, “Vatican II for Gen-Xers” «El Vaticano II acerca de la Generación X», St. Anthony Messenger [El Mensajero de San Antonio], edición inglesa, noviembre de 2005, p. 25:
“Unitatis redintegratio (el decreto sobre el ecumenismo) y Nostra aetate (la declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no-cristianas) mostró un marcado cambio en las actitudes de la Iglesia hacia las otras religiones.  Viniendo de una antigua institución de criterio estrecho que insistía que no había salvación fuera de la Iglesia y que la Iglesia católica era la única verdadera Iglesia de Cristo, la apertura de mente que caracterizaba estas enseñanzas fue notable.  Unitatis redintegratio afirma que la Iglesia incluye a todos los cristianos y no se limita exclusivamente a la Iglesia Católica, mientras que la Nostra Aetate reconoce que la verdad y santidad de la religiones no-cristianas fue obra del mismo Dios verdadero.”

¿Ha entendido mal Renee el Vaticano II?  No, sólo hemos mostrado que Unitatis redintegratio enseña precisamente lo mismo.  Ahora veremos que niega que la Iglesia sea plenamente católica y afirma que hay salvación en las sectas mencionadas.

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio (# 4):
 “Sin embargo, las divisiones de los cristianos impiden que la Iglesia lleve a efecto su propia plenitud de catolicidad en aquellos hijos que, estando verdaderamente incorporados a ella por el bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión.  Más aún, a la misma Iglesia le resulta muy difícil expresar, bajo todos los aspectos, en la realidad misma de la vida, la plenitud de la catolicidad.”

Aquí, en el #4 del mismo decreto sobre del ecumenismo, el Vaticano II ¡niega que la Iglesia de Cristo es plenamente católica!  Si usted cree esto, usted ni siquiera puede rezar el Credo de los Apóstoles: "Creoen la Santa Iglesia católica".  Usted tendría que decir "Creo en la Iglesia no plenamente católica".  Pero, ¿por qué el Vaticano II afirma una herejía tan ridícula?  Hay una razón.  La palabra católica significa «universal».  Como ya hemos visto, el Vaticano II rechaza que la Iglesia Católica es la Iglesia universal de Cristo al enseñar que casi todo el mundo anhela la Iglesia universal, como si ella no existiera.

Cardenal Ratzinger, Dominus Iesus #17, aprobado por Juan Pablo II, 6 de agosto de 2000:
“Por lo tanto, la Iglesia de Cristo está presente y operante también en esas iglesias, aunque carezcan de la plena comunión con la Iglesia católica ya que ellos no aceptan la doctrina católica de la primacía, que, según la voluntad de Dios, el Obispo de Roma posee y ejerce efectivamente sobre toda la Iglesia.”

El Vaticano II sostiene que la Iglesia de Cristo es más grande que la Iglesia Católica.  Dado que el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II niega que la Iglesia Católica es la Iglesia universal de Cristo por el anhelo de que tal Iglesia deba existir, se deduce lógicamente que el Vaticano II enseña que «la Iglesia» (es decir, la Iglesia Católica universal) no es capaz de realizar plenamente su catolicidad o universalidad debido a las «divisiones entre los cristianos».  En otras palabras, según la clara enseñanza del Vaticano II, las divisiones entre las incontables sectas protestantes, las sectas cismáticas orientales y la Iglesia Católica impide que la Iglesia universal (de la cual según el Vaticano II todos somos miembros) realice su plena catolicidad (universalidad).

Todo esto es una confirmación definitiva de que el Vaticano II enseña que las sectas heréticas y cismáticas forman la Iglesia de Cristo.  Las palabras del Vaticano II sobre la universalidad de la Iglesia de Cristo que es dañada por las divisiones entre estas sectas no tendría sentido a menos que sostuviera que estas sectas forman parte de la Iglesia de Cristo.

Con eso explicado, vamos a citar al Papa Clemente VI y al Papa León XIII para contradecir a esta herejía terrible del Vaticano II.

Clemente VI
--Papa Clemente VI, Super quibusdam, 20 de septiembre de 1351:
 “Preguntamos: Primeramente, si creéis tú y la iglesia de los armenios, que te obedece, que todos aquellos que en el bautismo recibieron la misma fe católica y después se apartaron o en lo futuro se aparten de la comunión de LA MISMA FE DE LA IGLESIA ROMANA QUE ES LA ÚNICA CATÓLICA, son cismáticos y herejes, si perseveran pertinazmente divididos de la fe de la misma Iglesia Romana”.


Leon XIII
--Papa León XIII, Satis cognitum (# 9), 29 de junio de 1896:
“Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comunión católica Y FUERA DE LA IGLESIA A CUALQUIERA QUE SE SEPARE EN LO MÁS MÍNIMO DE LA DOCTRINA ENSEÑADA POR EL MAGISTERIO AUTÉNTICO”.

Como podemos ver, cuando los herejes abandonan la Iglesia Católica, ellos no rompen su catolicidad o universalidad.  Ellos simplemente abandonan la Iglesia Católica.  Pero no concuerda con lo que dice el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II:

Michael J. Daley, “The Council’s 16 Documents” «Los XVI Documentos del Concilio», edición inglesa, St. Anthony Messenger [El Mensajero de San Antonio], noviembre de 2005, p. 15:
“El decreto sobre el ecumenismo (Unitatis redintegratio) desea el restablecimiento de la unidad, no simplemente un regreso a Roma, entre todos los cristianos.  Admite que ambas partes tenían la culpa de las divisiones históricas y entrega las directrices para las actividades ecuménicas.”

Según este comentarista, el Vaticano II enseña que los protestantes y cismáticos no tienen la culpa de haber abandonado la Iglesia Católica, ambas partes fueron culpables.  ¿Daley entendió erradamente el Vaticano II?  No, de hecho, el Vaticano II enseña lo mismo por esta sorprendente declaración:

El Vaticano II, Unitatis Redintegratio #3: “Pero los que ahora nacen y se nutren de la fe de Jesucristo dentro de esas comunidades no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separación, y la Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor".

Se debe considerar esta declaración cuidadosamente para captar el impacto total de su malicia.  Sin que se haya dado una aclaración o calificación, el Vaticano II emitió una declaración general y excusa del pecado de separación (es decir, la herejía y el cisma) a todos quienes hayan nacido en las comunidades protestantes y cismáticas, crecido en ellas «se nutren de la fe de Jesucristo».  Esto es increíblemente herético.  ¡Ello significa que no se puede acusar a ningún protestante de ser un hereje, no importa cuán anticatólico sea, si ha nacido en esa secta!  Esto contradice directamente la enseñanza que hemos visto (p. ej., de León XIII). Todo aquel que rechace incluso un dogma de la fe católica es hereje y culpable de su propia separación de la verdadera Iglesia.

Continuando con el documento, llegamos al # 3 del decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II:

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio # 3:
 “Es más: de entre el conjunto de elementos o bienes con que la Iglesia se edifica y vive, algunos, o mejor, muchísimos y muy importantes pueden encontrarse fuera del recinto visible de la Iglesia católica: la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad, y algunos dones interiores del Espíritu Santo y elementos visibles”.

Aquí descubrimos una herejía más en el # 3 del decreto sobre el ecumenismo.  Él afirma que «la vida de la gracia» (la gracia santificante o la justificación) existen fuera del recinto visible de la Iglesia Católica.  Esto es enteramente contrario a la enseñanza solemne del Papa Bonifacio VIII en la Bula Unam sanctam.

Bonifacio VIII
--Papa Bonifacio VIII, Unam sanctam, 18 de noviembre de 1302:
 “Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica, y nosotros firmemente lo creemos y simplemente lo confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni perdón de los pecados, como quiera que el Esposo clama en el Cantar de los cantares: 'Una sola es mi paloma una sola es mi perfecta”.

El Vaticano II contradice el dogma de que no hay remisión de los pecados fuera de la Iglesia Católica al afirmar que se puede poseer la vida de la gracia – que incluye la remisión de los pecados – fuera de la Iglesia Católica.  Y hay más herejía en la misma sección del decreto sobre el ecumenismo.  El Vaticano II afirma sin rodeos que esas comunidades son medios de salvación.

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio (# 3):
 “Por consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confió a la Iglesia”.

Esta es una de las peores herejías del Vaticano II.  Constituye un rechazo del dogma Fuera de la Iglesia Católica no hay salvación.

San Pio X
--Papa San Pío X, Editae saepe (# 29), 26 de mayo de 1910: “Solo la Iglesia posee junta con su magisterio el poder de gobernar y de santificar a la sociedad humana.  Por sus ministros y siervos (cada uno en su destino y oficio), Ella confiere sobre la humanidad los medios apropiados y necesarios para la salvación.”

Eugenio IV
--Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, "Cantate Domino", 1441, ex cathedra: “La Santa Iglesia Romana cree firmemente, profesa y enseña que aquéllos que no están en el seno de la Iglesia Católica, no solamente los paganos, sino también los judíos o herejes y cismáticos, jamás compartirán la vida eterna, e irán irremediablemente al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles, a no ser que se hayan unido a la Iglesia antes de morir…”

En su decreto sobre el ecumenismo el Vaticano II también enseña que los no-católicos dan testimonio de Cristo al derramar su sangre.  El siguiente párrafo implica que hay santos y mártires en las iglesias no-católicas, lo cual es una herejía.

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio # 4:
 “Por otra parte, es necesario que los católicos, con gozo, reconozcan y aprecien en su valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados.  Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las virtudes en la vida de quienes dan testimonio de Cristo y, a veces, hasta el derramamiento de su sangre …”.

En base a esta enseñanza, Juan Pablo II amplía y repite esta herejía muchas veces.

Juan Pablo II, Ut Unum Sint (# 1), 25 de mayo de 1995:
 “El valiente testimonio de tantos mártires de nuestro siglo, pertenecientes también a otras Iglesias y Comunidades eclesiales no en plena comunión con la Iglesia católica, infunde nuevo impulso a la llamada conciliar y nos recuerda la obligación de acoger y poner en práctica su exhortación”.

Juan Pablo II, Ut Unum Sint (# 84), 25 de mayo de 1995:
 “La comunión aún no plena de nuestras comunidades está en verdad cimentada sólidamente, si bien de modo invisible, en la comunión plena de los santos, es decir, de aquéllos que al final de una existencia fiel a la gracia están en comunión con Cristo glorioso.  Estos santos proceden de todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, que les abrieron la entrada en la comunión de la salvación”.

La Iglesia Católica enseña dogmáticamente que fuera de la Iglesia no hay mártires cristianos.



--Papa Pelagio II, epístola (2) Dilectionis vestrae, 585:
 “No pueden permanecer con Dios los que no quisieron estar unánimes en la Iglesia. Aun cuando ardieren entregados a las llamas de la hoguera; aun cuando arrojados a las fieras den su vida, no será aquélla la corona de la fe, sino el castigo de la perfidia; ni muerte gloriosa [de virtud religiosa], sino perdición desesperada.  Ese tal puede ser muerto; coronado, no puede serlo…”.

--Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Cantate Domino, sesión 11, 4 de febrero de 1442:
 “… todo aquel, no importando lo grande que hayan sido sus limosnas y obras de caridad, y no importando de que llegase a derramar su sangre por causa de Cristo, no puede salvarse si no se hallare en el seno y unidad de la Iglesia Católica”.

En su decreto sobre el ecumenismo, el Vaticano II enseña también que los herejes y cismáticos orientales ayudan a crecer la Iglesia.

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio (#s 13-15):
 “Nuestra atención se fija en las dos categorías principales de escisiones que afectan a la túnica inconsútil de Cristo.  Las primeras tuvieron lugar en el Oriente, a resultas de las declaraciones dogmáticas de los concilios de Éfeso y de Calcedonia, y en tiempos posteriores por la ruptura de la comunidad eclesiástica entre los patriarcas orientales y la Sede Romana (…) Todos conocen con cuánto amor los cristianos orientales celebran el culto litúrgico (…) Consiguientemente, por la celebración de la Eucaristía del Señor en cada una de estas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios, y por la concelebración se manifiesta la comunión entre ellas”.

La Iglesia Católica enseña que los herejes son las puertas del infierno.

Vigilio
--Papa Vigilio, Segundo Concilio de Constantinopla, 553:
 “Estos asuntos han sido tratados con un curso completo de exactitud, tenemos en cuenta lo que fue prometido para la Santa Iglesia y Aquel quien lo dijo que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (por estos lo entendemos como las lenguas mortales de los herejes) (…) por lo que contamos con el diablo, el padre de la mentira, las lenguas incontroladas de los herejes y sus escritos heréticos, junto con los herejes mismos que han persistido en su herejía hasta la muerte.”

San Leon IX
--Papa San León IX, In terra pax hominibus, 2 de septiembre de 1053, al "Padre" de la ortodoxia oriental, Miguel Cerulario, cap. 7:
“La Santa Iglesia edificada sobre la piedra, esto es, sobre Cristo, y sobre Pedro o Cefas, el hijo de Jonás, que antes se llamaba Simón, porque en modo alguno había de ser vencida por las puertas del infierno, es decir, por las disputas de los herejes, que seducen a los vanos para su ruina”.

Otra herejía que ocupa un lugar destacado en el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II es la constante expresión de respeto por los miembros de las religiones no católicas.

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio # 3:
 “… pero en tiempos sucesivos surgieron discrepancias mayores, separándose de la plena comunión de la Iglesia no pocas comunidades, a veces no sin responsabilidad de ambas partes, pero los que ahora nacen y se nutren de la fe de Jesucristo dentro de esas comunidades no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separación, y la Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor”.

La Iglesia Católica no ve a los miembros de las religiones no-católicas con respeto.  La Iglesia trabaja y espera su conversión, pero denuncia y anatematiza como heréticos a los miembros de las sectas que rechazan la enseñanza católica.

Inocencio III
--Papa Inocencio III, Cuarto Concilio Lateranense, 1215, constitución 3, sobre los herejes:
 “Nos excomulgamos y anatematizamos toda herejía que se eleva en contra de esta fe santa, ortodoxa y católica que hemos expuesto anteriormente.  Nos condenamos todos los herejes, cualesquiera que sean los nombres que pueden pasar por debajo.  En verdad, ellos tienen diferentes caras, pero sus colas están unidas entre sí en la medida en que son similares en su orgullo”.

--Papa Pelagio II, epístola (1) Quod ad dilectionem, 585:
 “Y si alguno existe, o cree, o bien osa enseñar contra esta fe, sepa que está condenado y anatematizado según la sentencia de esos mismos Padres”.

Primer Concilio de Constantinopla, 381, canon 1:
 “… anatematizar toda herejía, y en particular la de los eunomianos o anomeos, la de los arrianos o eudoxianos, y la de los semiarrianos o pneumatómacos, la de los sabelinos, marcelianos, la de los fotinianos y la de los apolinaristas”.

El decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II también enseña que en materias teológicas debemos tratar a los no-católicos en pie de igualdad.

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio # 9:
 “Conviene conocer la disposición de ánimo de los hermanos separados (…) Para lograrlo, ayudan mucho por ambas partes las reuniones destinadas a tratar, sobre todo, cuestiones teológicas, donde cada uno pueda tratar a los demás de igual a igual, con tal que los que toman parte, bajo la vigilancia de los prelados, sean verdaderamente peritos”.

Por favor advierta cómo el texto del decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II es condenado por el Papa Pío XI en su encíclica Mortalium animos contra el ecumenismo.  El Vaticano II recomienda «tratar» con los herejes de igual a igual, ¡mientras que el Papa Pío XI describe que los herejes están dispuestos a «tratar» con la Iglesia de Roma, pero sólo que «sea de iguales a igual»! Cuando se lee la increíble especificidad con que el Vaticano II contradice la enseñanza pasada del magisterio, uno se pregunta: ¿habrá sido el mismo satanás quien redactó los documentos del Vaticano II?

Pio XI
--Papa Pío XI, Mortalium Animos (# 7), 6 de enero de 1928, hablando de herejes:
 “Entre tanto asevera que están dispuestos tratar gustosamente en unión con la Iglesia Romana, naturalmente en igualdad de condiciones jurídicas, o sea de iguales a igual …”.